HAITI Y LA LLEGADA DEL MESIAS (Ramón A. Lantigua)

“Dicen que la historia se repite, pero lo cierto es que

sus lecciones no se aprovechan.”

Camille Sée

 

No pretendo ser un experto en la situación político-social haitiana, sin embargo y a la luz del retorno a la isla del dictador Jean Claude Duvalier, (Baby Doc) recibido por el pueblo y autoridades como si se tratara de un mesías, hay dos acontecimientos que me llaman profundamente la atención y que (a mi juicio) sirven para visualizar el futuro que le espera a esa desdichada nación. Esos aspectos nada tienen que ver con el retorno del dictador a la isla, aspecto que es imputable a la mano de poderes externos, más que a las endebles fuerzas internas de la nación. Esos aspectos son la incapacidad de los tribunales para juzgar los crímenes de lesa humanidad cometidos por el dictador y el hecho sorprendente de que a esta fecha las autoridades haitianas no hayan podido confiscar todos los bienes propiedad de este elemento y que consecuentemente, éste conserve propiedades inmobiliarias en la isla.

Ciertamente causa asombro, incluso hasta a aquellos menos impresionables, ver como los tribunales haitianos se inventan un proceso por corrupción y apropiación de fondos públicos, dejando al imputado en libertad para mostrarse públicamente en el país. Esto es así, porque independientemente de lo grave que resulta el hecho de sustraer fondos públicos en un país que necesita hasta el último centavo que pueda producir, a fin de salir del estado de indefensión en que se encuentra, no menos cierto es que lo más grave que cometió el Sr. Duvalier fueron esos crímenes y desapariciones de seres humanos adversos, los cuales ya parecen haber sido olvidados hasta por sus más cercanos dolientes.

Pero si lo precedentemente expresado resulta desconcertante, lo más chocante lo constituye el hecho de verificar la noticia que recogieron los medios, en el sentido de que el Sr. Duvalier ofreció su más reciente rueda de prensa (burlándose del mundo entero) desde un inmueble de su propiedad, ubicado en “Montagne Noir.” En relación con este tema vale la pena preguntarse cómo es posible que este señor conserve al momento (o tenga la posibilidad de adquirir) propiedad en un país que él saqueó por quince años y del cual, al momento de irse, sacó todo lo que pudo, dinero con el cual ha podido mantenerse por los últimos 25 años residiendo en París, sin que la justicia haitiana actúe confiscando los bienes automáticamente.

Entiendo que el tercero observador de estas simples (pero significativas) situaciones que planteo, así como el ver a este anacrónico personaje pasearse en saco y corbata por las calles de un Haití descamisado, no tarda en percatarse de que Haití es un Estado al cual le faltan años luz para salir del atraso al que se encuentra condenado; en vista de que no es posible imaginar desarrollo en un país donde las instituciones jurídicas son prácticamente inexistentes o que en el mejor de los casos, son completamente inoperantes e incapaces de reaccionar ante el delito flagrante. Un pueblo en estas condiciones está condenado irreparablemente al fracaso, por lo cual no nos sorprende en lo absoluto nada de lo que está sucediendo, al tiempo en que le auguro a la comunidad internacional largos años de trabajo, así como gastos de recursos en una reconstrucción que se encuentra lejos de ser realidad y que necesita ser más moral que material.

Una respuesta a HAITI Y LA LLEGADA DEL MESIAS (Ramón A. Lantigua)

  1. Catherine Soto dice:

    Cuando las necesidades más básicas del cuerpo abruman los seres humanos dejamos de escuchar el llamado del alma…

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