HAY QUE VIVIR HACIENDO EL BIEN, SIN MIRAR A QUIEN

Siempre he vivido como si el segundo que transcurre fuera el último de la vida y en consecuencia he desdeñado de hacer muchos planes para recibir catástrofes, en el entendido de que cuando el final se aproxima hay poco que puedas hacer para evitarlo. Igualmente siempre he expresado a mis parientes, amigos y relacionados (de cualquier forma) que hay que hacer de la experiencia personal en la tierra, una de provecho y aporte para todos, porque soy de la más profunda convicción de que al no tener una segunda oportunidad para enmendar errores, hay que hacerlo bien esta vez.

El sábado en la tarde varios Estados del Este de los Estados Unidos resultaron afectados por un mal tiempo que incluyó tormentas, granizos y tornados, y cuando el referido fenómeno pasaba por la localidad en donde vivo (junto a mi esposa e hijos) en Fayetteville, Carolina del Norte, me encontraba solo en el supermercado.

Inmediatamente llegué a la casa, entrando a la cocina para dejar lo que había comprado, recibimos un corte de energía que nos mantuvo sin posibilidad de ver las noticias locales. A todos los allegados que me llamaban preocupados, les informé que esto no era más que un exceso de los “gringos” y que aquí no estaba pasando nada. Así pasamos la noche del sábado y parte del día del domingo, desinformados y de espalda a lo que otros seres humanos sufrían a pocas millas de nuestra casa.

Cuando salimos a la calle (cerca del medio día del domingo) chocamos de frente con toda esta devastación y luego de ver tantas familias enfrentar la tragedia a menos de cuatro millas de mi casa, extiendo mi solidaridad a todo el que padece, en la espera de la oportunidad de tender nuestra mano amiga a quien la necesite.

Hoy que amanece y felizmente, disfruto de una nueva oportunidad bajo un techo seguro, con televisión por cable, internet y todas las ventajas de la vida moderna; hoy que tengo la certeza de que habrá alimentos en la mesa de mi familia y sobre todo que disfruto de la bendición de abrazar a mis hijos y esposa, sólo aspiro a continuar teniendo la oportunidad de aportar a la propia existencia, así como a las de otros seres humanos, para no ser sorprendido habiendo gastado mí vida.

Nota: La imagen que acompaña este texto fue tomada por Joamir V. Moreta.

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