Discurso de Victor Villegas

El Maestro, como un poeta de su generación, no se pudo sustraer de lo humano, realista, y conciente en su discurso.

Viajando desde su universo individual hasta su dolor y reflexiones sociales nos hizo un llamado a mirarnos como comunidad y revisar nuestro camino. Al mismo tiempo que reafirmaba su compromiso con lo dominicano universal de su poesía, dió un testimonio de satisfacción por el deber cumplido. Nunca dejó Villegas de ser el profeta literario cuya imagen abrazó en el 1948 y consolidó con su obra Diálogos con Simeón. Santo Domingo: Editora Taller, 1977; y ahora con su muerte, sus palabras se levantan eternas y actuales como un manto infinito que nunca va a dejar de cubrirnos porque – muy a pesar de nuestro deseo de evadirnos como sociedad – la verdad es contundente.

Victor Manuel Villegas agradeciendo la entrega del Premio de Literatura 2000 en el Teatro Nacional la noche del 10 de febrero del 2000

Señores

Lic. Ligia Amada Melo Viuda Cardóna,

Secretaria de Estado de Educación y Cultura;

Don Jacinto Gimbernard,

Director de La Fundación Corripio, Inc.;

Doña Natacha Sánchez,

Directora del Teatro Nacional;

Don Jose Luis Corripio;

 Lic. Jose Alcántara Almánzar

Asesor Fundación Corripio, Inc.;

 Lic. Jorge Tena Reyes,

Asesor Fundación Corripio, Inc.;

 Dr. Lupo Hernández Rueda.

Señoras Y Señores

  

En nombre de mi esposa Amada, mis hijos, nietos y familiares, en mi propio nombre: gracias por la hermosa distinción que conmigo han tenido la secretaria de estado de educación y cultura y la Fundación Corripio, Inc., al concederme el Premio Nacional de Literatura 2000 por mi humilde, aunque continua labor desde mis años mozos en mi natal san Pedro de Macorís, hasta el día de mañana que será siempre, porque desde el vientre de mi madre presentí esa vocación, confirmada al ser estremecido por el poema mas hermoso jamas escrito, la vida.

Gracias también a mi compañera en el magisterio universitario Lic. Ligia Amada Melo Viuda Cardóna; a don Manuel Corripio, ejemplo y símbolo de trabajo y honradez nacional, y a los rectores Magníficos Ing. Miguel Rosado Montes De Oca, Monseñor Agripino Nuñez Collado, Dr. Mariano Defilló Ricart, Dr. Jose Hazim Frappier Y Reverendo P. Dr. Ramón Alonso, de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU), Universidad Central del Este (UCE) Y Universidad Católica De Santo Domingo (UCSD), respectivamente.

 

Confieso que he vivido, y así hago mía la esencia del título de la autobiografía del maestro Pablo Neruda, norte de la generación literaria del 48 a la cual pertenezco, porque no solo el momento existencial, el simple orbe vital encierra la totalidad de su significado, sino   también   las concéntricas o las centrífugas intensidades del espíritu, acción suprema del hombre, ser yo mismo para ser en los otros.

En esa magna atmósfera, nunca igual mas en cambiantes ciclos pautados por la historia, he transitado junto a tantos ilustres intelectuales, nuestros maestros, nuestros amigos, y en cada espacio, lo que es el arte en sentido mas amplio, y el significado y medios filosóficos de transmisión de la enseñanza y educación nacionales, inundaron mi mente, la llenaron de preocupación al carecer al instante de las respuestas adecuadas. Solo y en la medida en que el tiempo transcurría, con la idea de una eficaz interrelación de la voluntad política, del pueblo en todos sus estamentos sociales, del sector intelectual y las ciencias, pude comprender la estructura sobre la cual descansa en cada ciclo, con sus características propias, la evolución de las sociedades o de su estancamiento en el caso de que aquellas no logren la cohesión necesaria y por lo tanto se mantengan dispersas por la decisión de poderosas fuerzas individualistas.

En lo que al arte se refiere como una de las cimas de la grandeza del hombre, cada época tiene su peculiar manera de expresión, pero no todos los pueblos marchan al ritmo de aquella evolución. Tal es el caso de nuestro pais, pues si bien es cierto que los creadores artísticos son mas numerosos en el presente histórico, soy de opinión que salvas raras excepciones en cada uno de sus ramales, un pasado de renombrados autores no ha sido superado y mucho menos hoy por hoy, he aprendido que, como expresa el gran escritor Saint-John Perse, es una síntesis de los recursos humanos, su ilustración si se quiere, y en mi concepción, ni intuición, ni razonamiento, sino ciencia perteneciente a las del espíritu y la historia. En pocas palabras, la que investiga en la realidad otra, para que el país acceda a la más avanzada de las culturas.

Este premio que hoy recibo me compromete mas que nunca a continuar auscultando las esencias del arte.

En este momento deseo recordar con cariño y admiración al gran escritor recién fallecido Manuel Rueda, compañero de toda la vida; a doña Sara Estrada de Corripio, por el afecto que me manifestó en tantas ocasiones; expresar mi profundo agradecimiento a Lupo Hernández rueda por sus palabras maravillosas; al amigo don jose Luis Corripio (Pepín), auténtico amante de las artes, mecenas ejemplar, a doña María Ugarte y a los fenecidos Pedro Rene Contín Aybar y Carlos Curiel, madre y padres espirituales de la Generación del 48o, a los compañeros escritores, a los amigos, y a todos los presentes en este acto. A mi pueblo, porque el triunfo no es mío,  sino de todos.

Gracias.

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