EL COLMO DE LA ESTUPIDEZ

Ni siquiera me voy a tomarme el tiempo de decir lo que debe ser la semana santa, porque eso ya todo el vivo lo sabe, constituiría una necedad insistir en algo que no necesita explicación. Sin embargo, debo admitir que me llama profundamente la atención el hecho de que año tras año no hay temporada donde más familias pierdan la vida de un ser querido o tengan que empezar el padecimiento de brindar atenciones a algún accidentado, como lo es precisamente la semana mayor.

Es conocida la tendencia del dominicano a hacer de todo lo existente un exceso (después de todo se trata de una tierra inagotable), pero resulta altamente curioso que también se pretenda ser tan excesivamente estúpido como para que, no obstante todos los esfuerzos que tienen que coordinar instituciones como la Defensa Civil y la Cruz Roja, el dominicano logre evadir todo esfuerzo de preservarle su existencia, en una carrera hacia la muerte.

Hace un par de semanas el Estado de Carolina del Norte enfrentó la tragedia natural de unos sesenta y dos tornados, los cuales afectaron veinte condados, con un saldo de veintidós víctimas fatales y ochenta heridos y tal situación ha sido considerada una catástrofe de dimensiones tales que todas las comunidades han entrenado voluntarios para colaborar con las labores de asistencia y la gobernadora hasta ha conversado con el presidente Obama para que el Estado reciba ayuda Federal.

En la pasada semana santa los organismos de socorro de la República Dominicana han reportado que se registraron treinta víctimas fatales y trescientos sesenta y ocho heridos (que ellos eufemísticamente han llamado “afectados”) y estos números son ofrecidos a la comunidad como un verdadero éxito que merece el aplauso de todos.

No comprendo donde está la lógica del referido éxito anunciado por las autoridades dominicanas y diría que sí se puede alegar alguno, el mismo ha sido el de convertir la semana santa en un desastre natural más poderoso que los sesenta y dos tornados que atravesaron el Estado de Carolina del Norte; lo cierto es que en esto lo único que advierto es el más rotundo fracaso humano y financiero.

Sin embargo, lo verdaderamente difícil de comprender es que el año que viene, no obstante todos los esfuerzos de las autoridades, habrá una cantidad mayor que la de este año de dominicanos y dominicanas dispuestos a ser parte del mismo acto de suicidio colectivo, en un esfuerzo más por cambiar la semana de la muerte y resurrección de Jesús en la semana del desastre natural que resulta de la estupidez extrema de quienes corren alocadamente hacia la muerte.

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