¡ORGULLOSAMENTE CHOPO!

Acabo de leer una entrada de Facebook de una “amiga” que tuvo un contratiempo en la calle y reacciona escribiendo que “por eso es que los chopos que comen en fonda con cuchara no pueden tener poder.” Cualquiera diría que como ese no es un tema mío, sería oportuno dejarlo pasar o mejor aún solidarizarse con la “amiga” perturbada (como lo hizo un grupo grande de sus contactos) y con ello atacar todo lo que es la realidad de una cantidad inmensa de dominicanos, que no necesariamente resultan ser gente despreciable por no disfrutar de una buena condición económica.

Me explico: Hay una clase social en el país (muchos no son necesariamente ricos) que califica despectivamente como “chopos y chopas” a la clase social inferior, la cual representa una inmensa mayoría de la población; y con el uso del referido adjetivo calificativo, la clase social en cuestión consuetudinariamente denigra al que tiene menos poder adquisitivo, sin importar que se trate de un hombre o una mujer digna y trabajadora por el simple hecho de no tener dinero.

 Para que el lector comprenda el escenario que mostramos es oportuno definir que “Chopa” es la muchacha que se emplea a cocinar la comida, lavar la ropa, limpiar la casa y hasta a darle el cariño a los hijos de quien, despectivamente, le llama “mi chopa” en cualquier reunión social, como forma de ganar estatus, ser graciosa ante el grupo de amigas y amigos, y sobre todo colocarse por encima de aquella persona a quien probablemente no le puede ganar en dignidad.

“Chopo” es quien trae las mercancías del supermercado, quien lava el carro, quien poda la grama de la casa, el que amanece cuidando la casa, quien lleva a los muchachos al colegio, quien te vende los alimentos que comes e incluso quien, en base al mayor de los esfuerzos, ha logrado rebasar todos los obstáculos que impone esta sociedad de mediocres, ladrones e indiferentes para graduarse de una carrera y hacer vida dignamente, pero que no tiene riquezas.

Establecido el concepto, cumplo con informarle a todos mis relacionados que yo soy el hijo de una mujer digna, con una sonrisa de ángel, con manos que sólo saben dar amor y con un espíritu tan grande que cuando lo necesitó, honorablemente lavó la ropa de otros, cocinó para alimentar bocas que no eran las de sus familiares y limpió casas para que yo y mis hermanos recibiéramos la educación de la que hoy podemos presumir y que son su único orgullo.

Que mi padre es un puertoplateño que llegó a la capital a vivir en un solar vacío con su madre y que no obstante tener que vender de día en las calles de la ciudad la ropa que su progenitora cocía de noche, para ir a la escuela nocturna y pasar hasta hambre en unos tiempos que fueron tan difíciles que ni siquiera yo puedo imaginar, se hizo profesional y nos ha dado ejemplo de que el único dinero que se puede tener en el bolsillo es aquel que se gana con el sudor de la frente y que la libertad no se encuentra en venta.

Visto de ese modo, agradezco profundamente a todo aquel que en el curso de mi vida ha expresado no saber lo que se cree ese chopo, cada vez que me ha tocado tomar decisiones importantes; porque a fin de cuentas ningún dinero es suficiente como para ocultar la vergüenza de quienes tienen precio, sin ningún valor, y los alimentos se aprovechan igual sin importar que vengan de un fino restaurante o se ingieran con una cuchara en una fonda.

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