IV

El amor

lo compré a la prima soltera

de un taxista en el Washington Heights

mas su cariño no cruzó la puerta del cónsul

que emitió la green card provisional

y ya en la calle

la dama

extendió su mano

como quien espera la lluvia caer

arrebató el efectivo de entre mis dedos

y desapareció con el murmullo de la gente

sin esperar que ofreciera las gracias.

Muchas veces pensé que me quería

y hasta la soñé esperando mí regreso en las tardes

mas las historias de amor

nunca tuvieron precio

y las doncellas de los cuentos

nunca fueron ciudadanas gringas.

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